Invertir en un mundo fragmentado


El año que termina ha sido protagonista de todas las paradojas. A pesar del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, las tensiones geopolíticas y la creciente fragmentación económica, los mercados financieros continuaron su ascenso con fuerza. Bienvenidos a la era del gigantismo: el S&P 500 bate los 7.000 puntos y Nvidia supera el techo de 5.000 billones de dólares de capitalización bursátil, ¡más que el PIB de Francia!, y el sector tecnológico registra rentabilidades superiores al 30% en doce meses[1]. La confianza resiste, a veces incluso a contracorriente.

Porque detrás de estos récords bursátiles, las debilidades siguen estando ahí y la subida de altitud intensifica el temor a la caída. Las cadenas de valor se están remodelando en nombre de la seguridad y la soberanía, la gobernanza internacional se está debilitando y están surgiendo nuevos polos de influencia. La economía mundial camina sobre la cuerda floja: respaldada por la revolución tecnológica y una política monetaria más flexible, pero expuesta a tensiones estructurales y políticas persistentes.

Navegar en este universo fragmentado requiere una lectura lúcida y selectiva. En 2026, los mercados aún tendrán que mediar entre promesas de innovación y tensiones geopolíticas. La cuestión ya no es si el orden mundial cambia, sino cómo invertir de forma inteligente en él.

Las grandes potencias, en una encrucijada

EE. UU.: la innovación como motor, la política como presión

A pesar de la reintroducción de aranceles, una política migratoria restrictiva y el cierre administrativo más prolongado de la historia, la economía estadounidense se vio impulsada por el vigor de las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. Se espera que este crecimiento se desacelere: la erosión del poder adquisitivo debilita a los hogares más modestos, mientras que la Reserva Federal se encuentra atrapada entre una inflación persistente y un mercado laboral en fase de desaceleración. En 2026, la credibilidad de la Fed, sometida a una mayor presión política, será sometida a un duro escrutinio.

China: entre dominación estratégica y fragilidad interna

Pekín se impuso frente a Washington en la batalla comercial, consolidando su dominio sobre las tierras raras, esenciales para la producción militar y tecnológica. Si bien la economía china sigue sufriendo dificultades para salir de la deflación, sus mercados se recuperaron, impulsados por los valores tecnológicos y el apoyo gubernamental. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿marca este cambio un punto de inflexión duradero o una tregua pasajera en un ciclo de ajuste más profundo?

Europa: ¿el despertar del Viejo Continente?

En los últimos años, la economía europea ha demostrado una resiliencia inesperada. A pesar de la crisis energética y el aumento de los aranceles estadounidenses, la actividad ha seguido creciendo a un ritmo cercano a su tendencia. El plan ReArm Europe, el estímulo fiscal alemán y la flexibilización monetaria crearán una combinación de políticas aún más favorable en 2026. ¿Podría el "despertar europeo" finalmente materializarse y generar un rendimiento sostenible para los mercados del Viejo Continente a pesar de un entorno político fragmentado?

La era de la inteligencia artificial: entre revolución e ilusión

Estamos inmersos en una nueva revolución industrial, la de la inteligencia artificial, con un gasto mundial en infraestructuras que podría alcanzar los 6,7 billones de dólares de aquí a 2030[2].

Si bien los beneficios sociales y de productividad aún no se han materializado, se está estructurando a gran velocidad un ecosistema interconectado de gigantes tecnológicos y nuevos actores. Pero las valoraciones, ahora cercanas a 27 veces a los beneficios futuros[3], ponen en duda esta idea. La euforia actual recuerda a la burbuja de los años 2000, pero ¿quién lo recuerda?

El auge de la IA viene acompañado de un enorme desafío energético. La proliferación de los centros de datos, verdaderas «fábricas digitales», exige una potencia eléctrica inédita. En 2030, su consumo podría, como mínimo, duplicarse[4]. Responder a esta demanda exige acelerar la transición energética: sin energía verde y abundante, ¿puede materializarse la revolución digital por completo?

El sector de la sanidad será uno de los grandes beneficiarios de esta transformación. La IA revoluciona el diagnóstico, la detección precoz y la medicina personalizada. Tras un periodo de incertidumbre regulatoria, el reciente acuerdo entre Pfizer y la Administración estadounidense ha devuelto la confianza a un sector infravalorado. Con unos fundamentales sólidos, un crecimiento de dos dígitos y el retorno de las fusiones y adquisiciones, la sanidad podría volver a ser un pilar de rendimiento a largo plazo.

Estructurar una cartera para un nuevo orden mundial

En este nuevo entorno, la disciplina y la selectividad son los mejores aliados del inversor. Las correlaciones positivas entre acciones y bonos reducen el papel tradicional de la deuda pública como valor refugio. El oro, que durante mucho tiempo se ha percibido como una protección, se asemeja ahora más a un activo especulativo. Las estrategias alternativas, por su escasa correlación con los mercados tradicionales, ofrecen valiosas fuentes de resiliencia.

En un entorno de búsqueda de rendimiento, la selectividad sigue siendo esencial, tanto en el mercado de deuda pública como en el de deuda privada. Se impone la vigilancia, ya que las tasas de impago, hasta ahora contenidas, podrían volver a subir. Después de una fase de expansión espectacular, el segmento del crédito privado podría enfrentarse a sus limitaciones: menor transparencia y liquidez y menor protección contractual. Estas vulnerabilidades serán importantes para el mercado cotizado y requerirán una selección cuidadosa de los emisores.

Por último, la diversificación internacional sigue siendo necesaria. Permite captar ciclos económicos diferenciados y múltiples oportunidades sectoriales. La integración de tendencias estructurales (inteligencia artificial, sanidad, transición energética, inversión de impacto) refuerza la solidez de las carteras y su sentido en la economía real.

Transformar la fragmentación en oportunidades

El año 2026 se anuncia como una transición. Las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, la recomposición de alianzas internacionales, y los avances en la transición energética, están remodelando el mapa de riesgos y oportunidades.

En este contexto de nuevas dinámicas, nuestra prioridad sigue siendo la misma: preservar la resiliencia de las carteras al tiempo que captamos los nuevos catalizadores de rentabilidad. La disciplina, la diversificación y la visión a largo plazo siguen siendo los cimientos de nuestro enfoque.

Nuestra convicción es clara: la fragmentación del mundo no es un obstáculo, sino un punto de inflexión. Marca el paso hacia un sistema más multipolar, más digital y, en última instancia, con suerte, más sostenible.
Porque aunque las cuestiones de sostenibilidad a veces son controvertidas, siguen siendo esenciales en una perspectiva a largo plazo: nunca olvidemos que el cambio climático podría costar a la economía mundial el 17% del PIB en 2050.[5].

Con esta reflexión, les expresamos nuestros más sinceros deseos para un año 2026 lleno de salud, serenidad y éxito.

Nuestros equipos mantienen el firme compromiso de ayudarles a superar los retos y aprovechar las oportunidades.

Así, a lo largo del mes de diciembre, tendremos el placer de compartir con ustedes los análisis de nuestros expertos en torno a diez temáticas clave que deben tenerse en cuenta para estructurar una cartera resiliente y eficiente en 2026.


[1] Fuente: Bloomberg Rentabilidad del índice MSCI US IT (MXUS0IT) entre el 4 de noviembre de 2024 y el 4 de noviembre de 2025. © MSCI, todos los derechos reservados. Las rentabilidades pasadas no son indicativas de resultados futuros.
[2] Fuente: McKinsey
[3] Fuente: PER adelantado a 24 meses de los 7 Magníficos - Goldman Sachs, Equity Strategy, octubre 2025
[4] Fuente: IEA Report, abril 2025
[5] Fuente: Kotz, M., Levermann, A. & Wenz, L. The economic commitment of climate change. Nature study on economic damages from climate change revised — Potsdam Institute for Climate Impact Research
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